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Yo tuve cáncer de colon

María Cecilia Jiménez
“Yo tuve cáncer de colon”

Fue su personalidad optimista, su fe inquebrantable, y el apoyo de sus seres queridos y médicos de Clínica Alemana, lo que la ayudó a recuperarse de esta devastadora enfermedad.

Hasta el 2002, María Cecilia Jiménez tenía una vida sin grandes preocupaciones. Vivía en San Felipe, estaba casada con Félix Brito y tenía tres “maravillosas hijas” y cinco nietos. Hasta que en septiembre de ese año, con 59 años, le diagnosticaron cáncer de colon.

-¿Se había sentido mal?

Tenía dolor rectal, pero cuando me venía me acostaba y me tomaba un paracetamol, y después volvía a mi vida habitual. El tema hizo crisis cuando tuve una hemorragia. Ahí le conté a las niñitas y mi hija mayor me dijo que íbamos a tener que ir al doctor porque podía ser una situación delicada. No pensé en cáncer, ni se me pasó por la mente. Y entonces viajamos a Santiago, a Clínica Alemana, que es donde siempre nos hemos atendido.

“DIOS ME HABÍA ESTADO PREPARANDO”

Fue así como en menos de una semana, María Cecilia estaba hospitalizada recuperándose de una operación y, hasta ese momento, con un destino incierto, pues su cáncer estaba bien avanzado. “Todo fue muy rápido. Me hicieron un escáner, una rectoscopía y varios otros exámenes. Finalmente, el cirujano Dr. Emilio Salles confirmó el diagnóstico que sospechaba: tenía cáncer de colon”.
Una vez recuperada pasó a manos del Dr. Alejandro Majlis, jefe del Departamento de Oncología, quien le explicó lo que seguía: ocho sesiones de quimioterapia y radioterapia. Ella recuerda que le advirtió que sería un camino difícil, pero que creía que juntos lo iban a superar.

-¿Qué sintió en ese momento?
Cuando me dijeron que tenía cáncer no me angustié, ni siquiera pensé en la posibilidad de morir. Creo que Dios me había estado preparando para esto. Además, siempre he sido optimista y sólo pensé “Señor me pongo en tus manos, voy a salir adelante”.

"Aprendí que si uno se hiciera chequeos médicos en forma oportuna se evitaría bastantes sorpresas”.
El dato que falta por conocer para entender la tranquilidad con que María Cecilia tomó la situación es que, aparte de ser una mujer de fe, ella trabajaba desde hace varios años con los enfermos de cáncer del Hospital San Camilo, de San Felipe, integrando el voluntariado “Luz, amor y caridad”, que acompaña a los pacientes terminales aquejados por esta patología.
“Somos 20 voluntarias y siempre en las reuniones nos preguntábamos quién sería la primera. Y ahí me di cuenta de que el Señor me había escogido a mí, quizás porque tengo ese espíritu de superar las cosas difíciles”.

-¿Y cómo enfrentó la enfermedad?
Con mucha fe, muy entregada a los médicos, lo que ellos me decían yo lo hacía, puse demasiado de mi parte para ayudar en mi curación y no deprimirme. El tratamiento fue muy duro, con la quimioterapia uno se siente muy cansada, además estuvimos viajando cerca de un año. Pero el apoyo de mi marido, mis hijas -Ninoska, Sandra y Catherine-, y mis yernos fue fundamental. También el de mis amigas del voluntariado. Todos estaban conmigo dándome fuerzas.

-¿Cómo se siente ahora?
Muy bien, y se lo debo a la Clínica, al equipo humano, que es a otro nivel. Agradezco a los doctores Emilio Salles, Alejandro Majlis y Karen Goset, excelentes profesionales y maravillosas personas. No puedo dejar de mencionar y agradecer al personal de Oncología Ambulatoria, muy especialmente a la enfermera Marta Barrientos, de una admirable calidad humana.

-¿Qué sacó de esta experiencia?
(Suspira hondo) Mucho. Aprendí que si uno se hiciera chequeos médicos en forma oportuna se evitaría bastantes sorpresas. Yo era una persona sana, no me enfermaba tanto y si me dolía algo iba al doctor o, a veces, me tomaba un remedio por mi cuenta. Gracias a Dios, a la Clínica y a la atención de excelencia de su personal, me salvé. Dios me dio otra oportunidad para vivir. Por eso ahora, más que nunca, trabajo para mis enfermos terminales, tengo que devolver la mano.

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