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Vitaminas


Vitaminas 
Son sustancias vitales para el desarrollo y funcionamiento del organismo, de ahí su nombre que viene del latín vita que significa vida. Se dividen en hidrosolubles -solubles en agua-, que requieren un consumo más frecuente porque no se acumulan, y liposolubles -solubles en grasa-. Se denominan por letras para agruparlas en distintos conjuntos, según sus funciones. Se encuentran principalmente en vegetales crudos y también en ciertos productos animales.

A  B12  B6  C  D  E  K 

 
La función más conocida de la vitamina A es la visión. También participa en el crecimiento y desarrollo de los huesos, el mantenimiento del tejido epitelial (piel, pelo, uñas, mucosas respiratorias y oculares, etc.), y los procesos inmunitarios. Además, juega un papel muy importante en la expresión de los genes, lo que permite las diferencias entre todas las partes del cuerpo.

La ceguera nocturna es un síntoma de falta de vitamina A. Un déficit importante provoca alteraciones en la piel, pulmones e intestino. Los niños tienen más riesgo de padecer una carencia, porque todavía no desarrollan los depósitos de este elemento.

Se obtiene del hígado, huevos, espinacas, leche, brócoli, queso, mantequilla, manzanas, zanahorias, zapallo y otros vegetales que tienen el pigmento rojo-anaranjado llamado caroteno. La deshidratación y fritura de alimentos ricos en vitamina A reduce la cantidad de carotenoides, por lo que deben consumirse frescos para aprovechar al máximo todos los nutrientes.

Un exceso de consumo puede causar náuseas, vómitos, cefalea y aumento de la presión cerebroespinal. Un uso crónico excesivo puede provocar caída del cabello, dolor óseo y muscular, daño hepático y en embarazadas, defectos en el feto.

Últimos estudios afirman que su rol en la expresión de los genes ayuda a combatir el cáncer y el acné. La vitamina B12 o cobalamina participa en diversos procesos metabólicos como coenzimas, es decir, ayuda en muchas de las reacciones bioquímicas que ocurren en el organismo y son necesarias para la vida. Aunque la deficiencia de la vitamina B es poco común, cuando ocurre se presenta con síntomas muy evidentes.

Un déficit de B12 se relaciona con anemia, y sus signos son despigmentación y cansancio (se da en personas que siguen un régimen vegetariano estricto -sin huevo ni leche-). También se manifiesta con una desmielinación de la médula espinal, cerebro y otros nervios, situación seria que provoca una degeneración. Para no llegar a estos extremos, la vitamina B12 puede ser almacenada de forma tan eficiente, que aunque no se ingiera por cinco a seis años, no se presentarán problemas. Cualquier exceso se excreta por la orina, al igual que todas las vitaminas hidrosolubles.

Se encuentra en productos animales como leche, yema de huevo, peces, moluscos bivalvos, hígado, queso, carnes de aves y res. El 70% se destruye durante la cocción de los alimentos, y del 40 al 90% se pierde cuando la leche es pasteurizada y evaporada. Los requerimientos de vitamina B12 se ven incrementados durante el crecimiento de los niños, el embarazo, la lactancia y la ancianidad. Alrededor de un 75% de la vitamina B6 se encuentra en los músculos, y el 10% está en el hígado. Es liposuble e imprescindible en el metabolismo. Es muy rara su carencia, pero en caso de que ocurra, pueden producirse convulsiones, dermatitis, inflamación de la lengua y anemia. Se encuentra en carnes de aves, peces, cerdo y en plátanos y cereales.
La vitamina C -ácido ascórbico- es hidrosoluble y se concentra mayormente en las glándulas suprarrenales y pituitarias, hígado y músculos esqueléticos. Su principal función es la síntesis del colágeno -importante en la cicatrización-, y participa en la de neurotransmisores, hormonas, conversión del colesterol en ácido de bilis y unión de las células para la formación de tejidos, etc. También es un antioxidante, por lo cual se le adjudican propiedades preventivas contra las cataratas, ciertos cánceres y enfermedades cardiovasculares. Un déficit produce escorbuto, cuyos síntomas son hinchazón, sangramientos, pérdida de dientes, hemorragia capilar, baja cicatrización, fatiga y desquiciamiento. Esta enfermedad ya casi no existe.

Se encuentra en frutas, limones, papayas, ají, tomates, papas, pimientos verdes y verduras de hojas verdes. Su mayor concentración está en los vegetales cuando están a punto, ni verdes ni maduros. Es muy sensible al agua y el calor, por lo que se destruye al ser almacenada, cocinada o procesada. Un jugo de naranja que no se consume inmediatamente pierde toda su vitamina C. La necesidad de esta vitamina crece en etapas como el crecimiento y el embarazo. Dosis muy altas pueden provocar náuseas, diarreas, y se asocian a la formación de cálculos renales. Un último estudio afirma que en grandes dosis, provenientes especialmente de tabletas, podría producir mutaciones relacionadas con algunos cánceres.

La vitamina D es liposoluble, y se obtiene por el contacto del sol con los alimentos que contienen sus precursores. Su presencia permite la absorción del calcio y el fósforo. Un déficit puede causar raquitismo en niños, debilidad muscular y osteoporosis.

Se encuentra en peces grasos como el salmón, aceite de hígado de pescado, algunos cereales y yemas de huevo. Un exceso puede causar hipercalcemia y cálculos renales. Las investigaciones le asignan un rol en el tratamiento de la psoriasis. La Vitamina E es liposoluble, y su principal función es actuar como antioxidante; es decir, protege a las células de la acción de los radicales libres, sustancias generadas producto de la respiración celular. También se le asigna un rol importante en la reproducción. Un déficit puede producirse por falta de consumo o mala absorción de las grasas. Por lo tanto, si se realiza una dieta con cero grasas, podría manifestarse un problema (como anemia, destrucción de los glóbulos rojos, degeneración muscular y trastornos reproductivos), claro que su carencia es muy rara.

Se encuentra en vegetales, nueces, y aceites de semillas de maíz, trigo y soya. Las últimas investigaciones han asociado una alta presencia de vitamina E con un menor riesgo de accidentes cardiovasculares, cáncer a la próstata y Alzheimer. La vitamina K es liposolublre, y actúa como coenzima. También forma parte de una proteína muy importante llamada protombina, que participa en la coagulación de la sangre.

La carencia de esta vitamina se asocia a problemas de cicatrización y consecuentes hemorragias internas. Los bebés de hasta tres meses pueden manifestar un déficit, ya que la leche maternal no es tan rica en este elemento. En todo caso, esto es muy raro y se produce más por una mala absorción de grasas o por la destrucción de la flora bacteriana debido a una terapia de antibióticos de largo plazo. Un bajo nivel de vitamina K es más común, y puede favorecer la osteoporosis y artereosclorosis.

Se encuentra en vegetales como espinaca, lechuga, coliflor, brócoli, kiwi, repollo, soya y aceite de oliva.



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