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Ejercicios aeróbicos y corazón

Si bien los ejercicios aeróbicos aparecen como una excelente  alternativa para bajar de peso o mantenerse en forma, entre sus beneficios  también se incluye el hecho de que son de gran ayuda para controlar la presión  arterial y darle fuerza al corazón.

La actividad cardiovascular (o  aeróbica) mejora la circulación coronaria, favoreciendo la distribución de los  capilares en el músculo cardiaco y la habilidad del corazón para desarrollar  nuevos ramales de arterias sanas, que permitan llevar la sangre a lugares donde  antes llegaba en forma deficiente. También se produce un aumento de volumen de  la cavidad ventricular, lo que supone una disminución de la frecuencia cardiaca  en reposo y el consiguiente ahorro de gasto cardiaco.

De igual forma, numerosos estudios demuestran que la actividad  aeróbica produce una reducción de los niveles de grasas en la sangre, y un  descenso del colesterol y los triglicéridos que se depositan en las paredes de  las arterias.

Actualmente, la mayor parte de  los centros deportivos ofrece diferentes máquinas para realizar ejercicios aeróbicos,  como  trotadoras, bicicletas estáticas, aparatos de remo o simuladores  de escaleras. Son actividades que con un poco de ganas y voluntad, también  pueden realizarse al aire libre.

En todo caso, y como ocurre con  cualquier otra práctica deportiva, antes de comenzar a realizar actividad  aeróbica es preciso someterse a una evaluación médica general, para determinar  las condiciones cardiovasculares, además de la flexibilidad, fuerza y  composición corporal. Entre los exámenes que solicitan los cardiólogos está el  test de esfuerzo, el cual debe realizarse junto a un electrocardiograma, de  modo de detectar manifestaciones que anteceden a los infartos.

 Para ejercitarse en forma correcta:




• Conserve un nivel de hidratación adecuado, ingiriendo alrededor de un litro y medio de agua antes, durante y después del ejercicio.

• Para alcanzar buenos resultados, la duración de la rutina debe ser de al menos media hora.

• Realice un calentamiento previo de alrededor de 10 minutos, para evitar lesiones musculares.

• Lleve ropa holgada -de preferencia de algodón- y utilice zapatillas adecuadas.


 ¿Cuál debe ser el nivel de trabajo del corazón?


IMPORTANTE
Antes de comenzar a hacer una actividad aeróbica, es importante someterse a un chequeo previo y recibir el apoyo de un profesional especializado.

La mejor medida de que usted está realizando un trabajo cardiovascular adecuado, no es si tiene la capacidad de correr, nadar o pedalear muy rápido, sino cómo su corazón, pulmones y músculos responden a los ejercicios aeróbicos.

El ejercicio cardiovascular debe realizarse en forma correcta, ya que lo que se pretende es sacar el máximo de provecho y evitar cualquier efecto perjudicial.

La frecuencia -número de días por semana-, intensidad -fuerza que se realiza-, tiempo -número de minutos que se entrena por sesión aeróbica- y el tipo de actividad -ejercicios seleccionados-, entregan una orientación acerca de cómo se está realizando el acondicionamiento físico.

Sin embargo, para calcular los efectos de los ejercicios aeróbicos en el corazón, es preciso tener conocimientos sobre el ritmo cardiaco.

Cuando se empieza a hacer actividad física, el ritmo cardiaco aumenta. Luego, durante el ejercicio de baja intensidad, éste se nivela a un ritmo constante, y a medida que se intensifica la actividad, la frecuencia cardiaca aumenta proporcionalmente.

En otras palabras, cuanto más rápido se ejercite, más rápido será el ritmo del corazón.





ESCUCHE SU CUERPO:


Cuando realice ejercicios aeróbicos, es imprescindible escuchar su propio cuerpo y apreciar cuáles son las instrucciones que está dando. Esto permite saber si se puede seguir corriendo, por ejemplo, o si se debe parar. El entrenamiento permite aumentar el tiempo dedicado a la práctica deportiva, pero nunca hay que esforzarse más allá de lo que el cuerpo nos permite. Sentirse con la obligación de cumplir una determinada meta puede ser el origen de un desastre.

CONTROLE SU PULSO:

El ritmo cardiaco puede controlarse en forma directa a través de monitores de frecuencia cardiaca, muy utilizados por los deportistas. También puede tomarse a través de la percepción manual, mediante el pulso radial o el pulso carotídeo.

• Pulso Radial: Puede ubicarse en la muñeca, con la palma de la mano derecha hacia arriba, y apoyando los dedos índice y medio de la mano izquierda. Se debe presionar suavemente hasta sentir un pulso claro.

• Pulso Carotídeo: Se colocan los dedos de la mano derecha en la parte anterior y media del cuello, y se mueven hacia atrás y hacia adentro, hasta encontrar un pulso fuerte y claro.

Tanto para el pulso radial como para el carotídeo, es conveniente utilizar un reloj con segundero visible.

Las pulsaciones se toman con intervalos de 10 segundos, obteniendo un valor que se multiplica por 6 si se quiere conocer el ritmo cardiaco en un minuto. Por ejemplo, si se cuentan 20 pulsos en 10 segundos, el ritmo cardiaco por minuto será de 120 pulsaciones.

Los ritmos cardiacos se ajustan en forma individual. Algunas personas lo tienen alto en forma natural, y otras  bajo.



Con la colaboración del Dr. Gonzalo Fernández, traumatólogo de Clínica Alemana.